Atienza, villa medieval

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       Atienza es una villa de origen celtíbero. La población opuso una gran resistencia a los romanos hasta ser vencida por Escipión. Posteriormente, los musulmanes la convirtieron en plaza amurallada con un importante valor estratégico.
      Durante los siglos IX al XII, Atienza perteneció alternativamente a cristianos y a musulmanes, pues era muy importante por su condición de enclave fronterizo y estratégico. En el siglo IX fue conquistada por Alfonso III, pero un siglo después volvió a estar en manos musulmanas. Después de continuas batallas, fue ganada definitivamente por Alfonso VI en el siglo XI.
      El rey Alfonso VII le concedió un importante fuero que incluía el derecho de ser 'Común de Villa y Tierra', lo cual permitía a la villa ofrecer tierras libres a los nuevos pobladores, y que éstos pudieran elegir por sí mismos a los miembros del Concejo.
      En 1455, la fortaleza de Atienza fue comprada por Enrique IV, quien se la entregó a Beltrán de la Cueva. Pasó posteriormente a Pedro de Almazán, que apoyó a Juana la Beltraneja en la guerra contra Isabel la Católica. Ganada dicha guerra, los Reyes Católicos dieron Atienza al conde Cifuentes, en cuya familia permaneció hasta el reinado de Felipe IV.
      La decadencia de la villa comenzó en el siglo XV, precisamente con los Reyes Católicos, cuando dejó de tener relevancia su situación y perdió fuerza su interés militar. La villa se quedó vacía y sin recursos y en poco tiempo la población disminuyó considerablemente.
      Durante la Guerra de Sucesión, Atienza fue el lugar en el que Felipe de Anjou, más tarde Felipe V, aguardó los refuerzos que acudían desde Francia para apoyar su causa por orden del rey Luis XIV.
      En el siglo XIX, la guerra contra la invasión napoleónica causó gravísimos daños al patrimonio artístico de Atienza, que fue duramente saqueado y arrasado. Y lo mismo ocurrió, lamentablemente, durante la Guerra Civil Española, ya en el siglo XX. La principal actividad económica de Atienza es la agricultura, con predominio de los cultivos de secano (cereales como el trigo y la cebada) y, en menor medida, leguminosas y productos hortícolas.
      Respecto a la actividad ganadera, se dedica especialmente a la cría de ganado ovino, caprino y porcino.
      Es cada vez más importante el turismo de paso, lo que ha fomentado la apertura de diversos restaurantes y tiendas. El esplendor medieval de Atienza queda reflejado en todos sus monumentos conservados, entre los que destaca el castillo. La construcción, en un emplazamiento privilegiado desde el que preside la villa, presenta una planta octogonal que acomoda sus muros al perfil del cerro sobre el que se asienta. Fechado en el siglo XI, fue reforzado durante los siglos siguientes. Se accede a él por una rampa excavada en la roca en su extremo norte. La puerta es de medio punto y está flanqueada por un torreón cuadrado.
      En el centro de la fortaleza hay un patio con dos aljibes. En la actualidad todavía se conserva parte de la torre de Homenaje, que se levanta en el extremo sur con dos pisos a los que se accede por una escalerilla introducida en el muro. En la segunda planta hay ventanas con bancos laterales de piedra.
      También se conservan algunos restos de sus dos recintos amurallados originales, junto con algunas de sus puertas, como la puerta de la Guerra o la puerta de Arrebatacapas, con arco apuntado y capiteles románicos.
      La iglesia de San Juan, situada en la plaza del Trigo o del Mercado, es el único templo parroquial de Atienza. Su construcción, iniciada en el año 1584, es de estilo renacentista. En su interior alberga un retablo de estilo barroco con pinturas de Alonso del Arco y una valiosa talla del Cristo del Perdón, de Luis Salvador Carmona.
      Pero restan aún en Atienza otras iglesias que la sitúan en un lugar destacado dentro de una 'ruta del románico'. La iglesia de Santa María de Rey, que data de principios del siglo XII y fue restaurada en el siglo XVI, es la construcción más antigua de la villa. En ella se puede contemplar la románica puerta principal del siglo XII, con figuras en relieve sobre sus arquivoltas decoradas con muchos detalles. El interior es de traza barroca.
      La iglesia de Nuestra Señora del Val, erigida a mediados del siglo XII, es de estilo románico y luce una portada con interesantes figuras en la arquivolta. En el interior presenta una planta de tres naves cubierta por madera y artesonado mudéjar.
      Otro templo importante es la iglesia de San Bartolomé, profusamente decorada y levantada en el siglo XIII. De dicho siglo todavía conserva el ábside y la espadaña originarios, una galería porticada y la portada principal. Reformada en el siglo XVI, en el interior destacan algunos retablos barrocos, así como algunas tallas y pinturas. También merece atención el artesonado mudéjar realizado por Marcos de Ajo en 1602, así como un Descendimiento fechado en 1780.
      La iglesia de la Santísima Trinidad fue construida hacia el año 1200. Sufrió una transformación en la que se mezclaron detalles del siglo XIII, como el ábside, con otros renacentistas del siglo XVI, como la portada de la epístola y algunas capillas de estilo gótico y rococó.
      La iglesia de San Gil, de estilo románico, alberga en la actualidad el Museo de Arte Religioso y Paleontología de San Gil. Se exponen muestras de pintura, de orfebrería, algunas tablas recogidas de otras iglesias de Atienza, libros, diversa documentación y una exposición de fósiles.
      Entre las construcciones no religiosas se debe mencionar la plaza del Trigo, con soportales adintelados de madera del siglo XVI, el hospital de Santa Ana y el ayuntamiento, ambas edificaciones del siglo XVII. Por su situación clave en los pasos serranos, justo en esa línea fronteriza que separa las dos Castillas, Atienza desempeñó un significativo papel en la Edad Media. Como consecuencia de sus destacadas actuaciones obtuvo grandes privilegios que le otorgaron los sucesivos reyes y, posteriormente, hubo de ser testigo de frecuentes enfrentamientos entre los reinos de Castilla y Aragón en pugna por hacerse con su control. Entonces la villa, actual cabecera de la comarca serrana de su mismo nombre, llegó a poseer una población de diez mil habitantes.
      Hoy sus calles y algunos edificios e iglesias, así como los restos de su castillo roquero, muestran aún ciertos vestigios del auge que vivió en época medieval y que le han valido la calificación de Conjunto Histórico-artístico.
      Uno de sus atractivos más conocidos en la actualidad es la Fiesta de la Caballada, un recuerdo de un noble episodio de la historia de Atienza que se conmemora desde el siglo XII y que cada domingo de Pentecostés congrega a una gran multitud de vecinos y visitantes.
      La gastronomía del lugar posee un gran renombre, sobre todo por la calidad de sus asados en horno de leña.
      Para una información más completa recomendamos visitar: http://www.atienza.cjb.net/