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Las salinas de Imón se
encuentran en la extensa llanura al pie de las montañas de
las sierras de Paredes y Somosierra. A tan
sólo 150 metros del pueblo que le da su nombre, a 15 Kms.
de Sigüenza, y a 95 de Guadalajara capital, siempre por buenas carreteras,
cualquier fin de semana puedeser un buen
momento para ir a contemplarlas.
La producción de sal
Llega el agua desde el arroyo
Salado, siempre de escaso caudal, por haber nacido pocos kilómetros más arriba,
en las suaves lomas de la Sierra Ministra, en las altas y frías tierras entre
Soria y Guadalajara. De los pozos que se forman en el entorno, se extrae el agua
mediante norias de madera movidas por caballería (las llaman norias de tiro o de
sangre). Dicha agua, ca rgada
de sal, se vierte en una artesa de madera y es conducida bajo el piso de la
noria hacia el exterior por unos canales también de madera. Durante el invierno,
el agua salada se almacena en grandes estanques (recocederos) de unos dos metros
de profundidad, en los cuales, por evaporación lenta, va ganando concentración.
Si la salinidad inicial es baja, pasa a continuación a estanques menos hondos
(calentadores), para hacer más rápida la concentración. Tanto los recocederos
como los calentadores tienen un suelo empedrado con piedra caliza y paredes de
lo mismo, reforzadas sus paredes con mortero de cal revestida por una tapia de
arcilla sostenida con tablones de madera.
En última instancia, se lleva el
agua a las balsas de cristalización, lo que se conoce como regar las albercas,
previamente limpiadas a mediados de mayo. Estas balsas, numerosas, amplias y
extendidas por el terreno, son las que dan el carácter más auténtico al conjunto
de las antiguas salinas de Imón. Son de muy escasa profundidad y de unos 6 a 8
metros de lado, empedradas y con paredes también de piedra o tablones colocados
de canto, y en ellas hay practicadas unas aberturas para dar paso al agua de una
alberca a otra. Una vez por semana se remueve la sal depositada para impedir que
se agarre al suelo. Dos días después de esta operación, se recoge antes de que
el agua se evapore, para evitar que se endurezca en exceso. La operación que se
realiza cada 6 u 8 días y se la denomina arrodillar, lo que consiste en empujar
la sal hasta la balsa y amontonarla mediante una pieza a la que llaman rodillo,
que es una tabla corta con largo mango. En grandes serones o volquetes metálicos
sobre estrechas vías, la sal recogida se lleva a los almacenes, donde se
acumula. El agua sobrante es recogida a través de unas acequias llamadas
desagües que confluyen en dos canalizaciones mayores llamadas regueras madres y
que a su vez van a desembocar al río Salado. Las maniobras de extracción de sal
se extienden entre mediados de Junio y finales de Septiembre. Al terminar la
campaña en otoño se saca también la sal que se quedó en los recocederos y
calentadores.
Un hermoso y bien conjuntado
grupo de edificios constituyen las salinas actuales de Imón. Son concretamente
un conjunto de almacenes situados en la zona central y una serie de pequeños
edificios de norias, recocederos y albercas. Todo el complejo arquitectónico es
de finales del siglo XVIII y ha ido siendo reformado y adaptado a lo largo del
pasado. Todavía quedan en pie cinco norias aunque sólo tres de ellas (Mayor,
Rincón, y Masajos) están en funcionamiento. En la llamada noria de En medio se
conserva el primitivo artilugio de arcabuces de barro cocido, con engranaje de
madera y suelo tratado para el trabajo de animal. Todos los edificios de norias
son de planta octogonal, con estructura de madera que se enlaza con el vértice
de la cubierta. Los muros son de sillería y mampostería ordinaria de piedra
caliza cogida con mortero de cal.
Primitivamente tuvieron las
Salinas de Imón tres almacenes de los sólo dos permanecen pie. San Pedro,
construido en el siglo pasado, está en ruinas. Los dos restantes, San José y San
Antonio, son dos auténticas obras de arquitectura popular. Presentan una
interesante solución estructural en la que destacan sus pórticos, y una
entreplanta construida sobre viguería de madera. El almacén de San Antonio
conserva el pórtico que protege la entrada principal. Asimismo se mantiene en
pie la chimenea del generador que existía en el almacén. Dada la diferente
proporción de su planta, el de San Antonio es de menor anchura, planta más
rectangular (48 x 27 metros), y el de San José es de planta más cuadrada (40 x
35m.). Sus crujías son diferentes así como el número de pies derechos por cada
uno de ellas.
Hasta hace pocos años se conservaba, junto a la fachada posterior del edificio
de San José, la torre interior con parte de la maquinaria que ayudaba a subir
las vagonetas por la rampa para depositar las sal en los almacenes. Los
materiales empleados en las construcciones son de sillería y mampostería en los
muros, de madera en la estructura interior y las cubiertas, que se mantienen en
muy buenas condiciones gracias al ambiente salino. Con teja curva árabe cerámica
se cubre el conjunto.
Otro aspecto muy característico
por la calidad de su construcción es el empedrado de las albercas, así como los
muros y muretes de mampostería de los recocederos. También llaman la atención
del visitante los enlaces entre las piscinas cruzando los caminos, las acequias
y los desagües.
Conservación y Rehabilitación
Un grupo de
alumnos de la Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica de Guadalajara, bajo
la tutoría del arquitecto don Antonio Miguel Trallero Sanz, ha realizado un
magnífico estudio reciente sobre estas salinas de Imón, y en él proponen una
continuidad en el uso de las mismas, siempre con el mantenimiento de su función
primordial con las técnicas más tradicionales posibles. Su propuesta es la de
volver a recuperar el funcionamiento de las Salinas tal y como fue en su origen,
y así poder disfrutar del testimonio vivo de unas técnicas, las de obtención de
la sal, que permanecen inalterables desde la época romana, y conseguir una
reproducción exacta de los mecanismos y tecnologías paleoindustriales que
existían hace dos siglos. Lo primero de todo es la rehabilitación de las
edificaciones. Y esto es lo que se acaba de hacer. Las norias de tradición
mudéjar deberían ser restauradas y reutilizadas, así como volver a canalizar con
los elementos antiguos, esto es, con troncos de madera ahuecados, retirando las
actuales tuberías de fibrocemento. Conseguir, en cualquier caso, devolver a Imón
el esplendor que tuvo en tiempos anteriores. La reciente inauguración de un
centro de hospedaje y la posibilidad de la visita a las salinas ya es un
adelanto importante en este camino, que se integra en ese más amplio concepto de
recuperación de edificios, técnicas y modos antiguos que hoy pueden servir no
solamente de admiración y curiosidad, sino de ayuda a muchas actividades todavía
plenamente vigentes.
Un lugar, en suma, que está pidiendo tu visita y tu admiración. Las Salinas de
Imón y el Hotel Rural La Botica son ya un elemento más que justifica una
visita a ese espacio tan atractivo y cuajado de recuerdos históricos y
patrimoniales como es la comarca existente entre Sigüenza y Atienza.
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